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HUERTA ORGÁNICA

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Introducción


La comida orgánica parece ser una de las mejores opciones ante el desarrollo de la industrialización de los alimentos. Un movimiento expansivo en los últimos años nos alerta sobre el abuso de aditivos tales como grasas, sal, azúcar y jarabe de maíz de alta fructosa, que contienen los alimentos más consumidos con el único fin de hacerlos más sabrosos. No sólo la denominada “comida chatarra” sino también aquella que se vende como saludable, forma parte de una dieta a la que nos hemos acostumbrado y que provoca adicción.


Dentro del paradigma que considera al alimento en relación al entorno, uno de los referentes en cuestiones de consumo es el periodista científico Michael Pollan. El autor del reciente libro “Cocinar” y otros best sellers como “El dilema omnívoro”, recomienda “no comas nada que tu abuela no reconocería como comida”.


Según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), 868 millones de personas (el 12,5 % de la población mundial) están subnutridas en cuanto al consumo de energía alimentaria y 1 400 millones de personas tienen sobrepeso, de los cuales 500 millones son obesos. Estos datos preocupantes requieren a nivel global, de una nueva mirada que permita recuperar las tradiciones olvidadas y modificar hábitos para vivir mejor.


Es innegable el valor de los vegetales en la dieta humana, sus beneficios son reconocidos desde el ambiente científico y médico, y desde organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomiendan su consumo con el objetivo de prevenir enfermedades y conservar las defensas altas. A través de una alimentación natural se pueden encontrar todos los nutrientes esenciales para llevar una vida sana.


Pero al mismo tiempo, nos encontramos ante una problemática: la mayor parte de los vegetales son intervenidos en cuanto a producción y distribución, con el objetivo de multiplicar su rendimiento. En todo el mundo el uso de agroquímicos y contaminantes está siendo cuestionado, y en algunos países se han creado nuevas leyes que protegen al consumidor. Europa es pionera en este sentido, ha prohibido el uso de ciertos herbicidas e insecticidas como el Glifosato y el Endosulfan, salvo en España y Rumania. Por su parte, en Estados Unidos, son cada vez más las empresas que están cambiando sus formas de producir.


Volver al consumo orgánico es un proceso que requiere de nueva legislación y un cambio de conciencia. Para los consumidores, utilizar alimentos orgánicos significa, además de evitar los agregados, conservantes y plaguicidas, una manera de conectarse con la tierra, tomar contacto con los alimentos y con la naturaleza, profundizar en el conocimiento de las variaciones estacionales, y la influencia de la temperatura y el viento sobre las plantas.


Para potenciar las virtudes de las verduras orgánicas, es aconsejable consumirlas frescas y crudas, incluso se las puede comer con cáscara. La diferencia es notable, su sabor y aroma son más intensos que las de cultivo industrial. Al ser artesanal el cuidado y la calidad son superiores. Las verduras orgánicas tienen un contenido de minerales más alto, en cuanto al contenido de calcio, magnesio, potasio, sodio y fosfato.


Siguiendo esta premisa, los vegetales frescos en nuestro hogar se vuelven una propuesta atractiva y sustentable, aun para quienes tienen espacios reducidos. Desde una maceta con especias en un balcón o terraza hasta un jardín o huerta compartida, las alternativas son variadas. El desarrollo de este tipo de emprendimientos también puede realizarse en escuelas, comedores, grupos de familias o vecinos, asociaciones que tengan acceso a pequeñas extensiones de tierra, o que soliciten a sus municipios o gobiernos la cesión de terrenos. Un ejemplo ecológico, es el de Freiburg, en Alemania, muy cerca de la frontera con Francia y Suiza. En la denominada “ciudad verde”, se instrumentan los recursos para integrar la ciudad con el campo. Las huertas orgánicas a pocos minutos de la ciudad posibilitan que las personas cosechen sus propias frutas y verduras, y que puedan acceder a ellas cuando las necesiten.


Incluso en los centros urbanos más poblados existe la posibilidad de crear espacios de producción para cubrir una alimentación más completa, saludable y económica. Para comenzar a planificarla, conviene tener en cuenta algunas pautas técnicas con las que se logrará mantener una huerta orgánica productiva durante todo el año.




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Organizar el espacio


En las huertas se intenta reproducir los procesos de la naturaleza. Cuando se dispone de poco lugar, se deberá buscar un sitio con sol y con sombra o algún reparo para proteger los cultivos del clima. Una buena alternativa es realizar huertas verticales si uno tiene una pared que reciba al menos cinco horas de luz solar. Las macetas pueden ser pequeñas o alargadas y con 40 ...

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