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La cuarta revolución industrial

1. La fusión entre lo biológico y lo digital

Que la tecnología está cada vez más presente en nuestras vidas es un hecho irrefutable. La digitalización es cada vez mayor, la inteligencia artificial empieza a colarse en los distintos ámbitos de la vida cotidiana y nuestra dependencia hacia los dispositivos, redes y sistemas es inevitable. Los teléfonos celulares, que en un primer momento cumplían apenas la misma función que los teléfonos hogareños, sólo que podían ser utilizados en cualquier lugar, hoy nos permiten transmitir en vivo para audiencias potencialmente enormes, hacer todo tipo de transacciones y hasta controlar algunos aspectos de nuestra salud. Sin dudas, estamos cada vez más inmersos en un mundo digital e inteligente.

Pero hay un grupo de poder e influencia que propone el advenimiento de una “cuarta revolución industrial” y plantea que es allí hacia donde nos estamos dirigiendo. No se trata de una mayor digitalización, o de la tecnología invadiendo más áreas, se trata de un nuevo paradigma. Además, este grupo de élite plantea las bases sobre las cuales se construirá ese futuro cercano, e incluso proponen acelerar y organizar la transición. Esta revolución sería, según sus principales promotores: Klaus Schwab y el Foro Económico Mundial, una fusión de las esferas biológica, digital y física. A diferencia de lo que han sido las revoluciones industriales hasta ahora, en las que ciertas innovaciones impulsaron nuevos modos de producción (y todo lo que eso conllevó), esta revolución implicaría una nueva manera de concebir lo “humano”.

Toda tecnología, todo cambio, todo lo que suele llamarse “progreso”, en general viene acompañado de promesas: mayor igualdad y mayor libertad, una vida más cómoda y simple, mejoras en todos los aspectos posibles, desde nuestra salud hasta el aire que respiramos. En suma, promesas de un mundo mejor. La cuarta revolución industrial también es presentada con promesas, aunque cuando se la revisa en detalle es inevitable sentir cierto escozor.

2. Bienvenidos a la Matrix

Para comprender la naturaleza y el alcance de la así llamada “cuarta revolución industrial”, es necesario definir en primera medida quién o quiénes están detrás de este concepto. La idea de una “cuarta” revolución industrial fue propuesta por primera vez en 2013 por un grupo de especialistas que desarrollaban lineamientos tecnológicos para el gobierno de Alemania. Pero fue sin dudas Klaus Schwab y el Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF) que preside, quienes llevaron el término a otro nivel al hablar de ello desde sus plataformas: en 2015 lo plantearon en un artículo en la influyente revista Foreign Affairs (publicada por el Council on Foreign Relations), la reunión de 2016 del World Economic Forum en Davos que llevó por nombre Dominando la cuarta revolución industrial, y también un libro firmado por Schwab publicado aquel mismo año, titulado sencillamente La cuarta revolución industrial. También en 2016 se inauguró el primer Centro para la Cuarta Revolución Industrial en San Francisco. A ese centro siguieron otros en distintas ciudades de Estados Unidos, India y Japón.

Es importante señalar que no se trata de meros observadores que pronostican cierto futuro. Se trata de la élite más poderosa, influyente y rica que busca imponer este paradigma como parte de un esquema global. El World Economic Forum (WEF) es una organización sin fines de lucro que fue fundada en 1971 por el ingeniero y economista Klaus Schwab (quien sigue al frente de la organización) y tiene base en Suiza. Cuenta aproximadamente con mil miembros y su misión, tal como la describen, es la de “mejorar el estado del mundo al involucrar a líderes empresariales, políticos, académicos y de otro tipo para dar forma a las agendas globales, regionales y de la industria”. Podríamos decir, entonces, que se trata de un grupo de líderes que moldea las agendas del mundo, con el supuesto fin de “mejorarlo”. Está conformado por bancos, grupos de inversión, empresas de transporte, farmacéuticas, las principales empresas de Internet (Google, Facebook, Amazon, Microsoft), la Bill and Melinda Gates Foundation, todas ellas industrias y empresas de gran poder e influencia, con capitales que superan los 5 mil millones de dólares.

Anualmente, el WEF se reúne en Davos, en los alpes suizos, donde durante algunos días la elite global define estrategias, prioridades y agendas. A los CEOs de las empresas aportantes se unen líderes políticos (entre ellos presidentes y miembros de las ...

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