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Sexo Opuesto - La guerra entre hombres y mujeres en la mejor selección de crónicas de Roberto Arlt

Introducción

En la primera mitad del siglo XX, el trabajo de Roberto Arlt dio un vuelco de envergadura en el paradigma literario de la época modificando la literatura argentina de aquel entonces, y la posterior. A pesar de su corta vida fue prolífico y transitó todo tipo de géneros: novela, con El juguete rabioso y Los siete locos –entre otras–, cuentos –recopilados en El jorobadito y El criador de gorilas– y sus famosas crónicas llamadas Aguafuertes, publicadas en revistas como El Hogar y en periódicos como El Mundo. Su impronta creativa también dejó una particular huella en el teatro, con piezas como Trescientos millones y Saverio el Cruel.

Roberto Arlt era un desfachatado literario, nunca le interesó cumplir con las reglas de urbanidad y buen gusto en lo que a escritura se refiere. Estaba interesado, en cambio, en reflejar la realidad de aquella época de la manera más cruda posible, con la fuerza de un estilo personalísimo, distante de las convenciones estéticas que regían por aquel tiempo a la literatura argentina. Sus contemporáneos, colegas y críticos, lo denostaban por la desprolijidad de sus textos, porque pasaba por altos ciertos errores sintácticos y hasta ortográficos. El Grupo de Florida, que reunía las tendencias literarias más formales, se mostraba como el extremo opuesto al Grupo de Boedo, con el que Arlt estaba vinculado. El principal objetivo de estos últimos era exponer una dura crítica a la sociedad y al sistema. Así y todo, Roberto Arlt también se relacionó con varios escritores del Grupo de Florida, incluso fue secretario de Ricardo Güiraldes y le dedicó su novela El juguete rabioso.

Con respecto a las crónicas reunidas en este libro, escritas entre 1928 y 1933, y publicadas en El Mundo (de Buenos Aires), se tornaron tan populares que el periódico duplicaba sus ventas los días en que aparecían. La brevedad de estos ensayos hacía que fueran ideales para ser leídos durante el viaje en tranvía hacia los lugares de trabajo. Como ocurrió a lo largo de toda su obra, estos textos contenían una fuerte crítica a la sociedad predominante. En particular, las crónicas seleccionadas en este caso presentan las agudas observaciones del autor con respecto al rol de la mujer dentro del sistema patriarcal argentino. Arlt examina irónicamente la figura de la mujer como esposa y madre; y se ríe de los desvíos considerados inaceptables. También se incluyen en estas Aguafuertes algunos textos sobre el matrimonio y los vínculos entre el género masculino y el femenino.

La obra de este genial autor tiene una importancia fundamental dentro de la literatura argentina ya que redefinió parámetros temáticos y lingüísticos. Según el escritor Ricardo Piglia, Arlt inauguró la novela moderna argentina con un estilo completamente renovador.

Cronología de la obra literaria

Novelas, cuentos y crónicas:

El diario de un morfinómano (1920)

El juguete rabioso (1926)

Los siete locos (1929)

Los lanzallamas (1931)

El amor brujo (1932)

Aguafuertes porteñas (1933)

El jorobadito (1933)

Aguafuertes españolas (1936)

El criador de gorilas (1941)

Nuevas aguafuertes españolas (1960)

Las Fieras

Teatro:

El humillado (1930)

300 millones (1932)

Prueba de amor (1932)

Escenas de un grotesco (1934)

Saverio el Cruel (1936)

El fabricante de fantasmas (1936)

La isla desierta (1937)

Separación feroz (1938)

África (1938)

La fiesta del hierro (1940)

El desierto entra a la ciudad (1952)

La cabeza separada del tronco (1964)

El amor brujo (1971)



Causa y sinrazón de los celos

Hay buenos muchachitos, con metejones de primera agua, que le amargan la vida a sus respectivas novias promoviendo tempestades de celos, que son realmente tormentas en vasos de agua, con lluvias de lágrimas y truenos de recriminaciones.

Generalmente las mujeres son menos celosas que los hombres. Y si son inteligentes, aun cuando sean celosas, se cuidan muy bien de descubrir tal sentimiento, porque saben que la exposición de semejante debilidad las entrega atadas de pies y manos al fulano que les sorbió el seso. De cualquier manera; el sentimiento de los celos es digno de estudio, no por los disgustos que provoca, sino por lo que revela en cuanto a psicología individual.

Puede establecerse esta regla:

Cuanto menos mujeres ha tratado un individuo, más celoso es.

La novedad del sentimiento amoroso conturba, casi asusta, y trastorna la vida de un individuo poco acostumbrado a tales descargas y cargas de emoción. La mujer llega a constituir para este sujeto un fenómeno divino, exclusivo. Se imagina que la suma de felicidad que ella suscita en él, puede proporcionársela a otro hombre; y entonces Fulano se toma la cabeza, espantado al pensar que toda “su” felicidad, está depositada en esa mujer, igual que en un banco. Ahora bien, en tiempos de crisis, ustedes saben perfectamente que los señores y señoras que tienen depósitos en instituciones bancarias, se precipitan a retirar sus depósitos, poseídos de la locura del pánico. Algo igual ocurre en el celoso. Con la diferencia que él piensa que si su “banco” quiebra, no podrá depositar su felicidad ya en ninguna parte. Siempre ocurre esta catástrofe mental con los pequeños financieros sin cancha y los pequeños enamorados sin experiencia.

Frecuentemente, también, el hombre es celoso de la mujer cuyo mecanismo psicológico no conoce. Ahora bien: para conocer el mecanismo psicológico de la mujer, hay que tratar a muchas, y no elegir precisamente a las ingenuas para enamorarse, sino a las “vivas”, las astutas y las desvergonzadas, porque ellas son fuente de enseñanzas maravillosas para un hombre sin experiencia, y le enseñan (involuntariamente, por supuesto) los mil resortes y engranajes de que “puede” componerse el alma femenina. (Conste que digo “de que puede componerse”, no de que se compone).

Los pequeños enamorados, como los pequeños financistas, tienen en su capital de amor una sensibilidad tan prodigiosa, que hay mujeres que se desesperan de encontrarse frente a un hombre a quien quieren, pero que les atormenta la vida con sus estupideces infundadas.

Los celos constituyen un sentimiento inferior, bajuno. El hombre, cela casi siempre a la mujer que no conoce, que no ha estudiado, y que casi siempre es superior intelectualmente a él. En síntesis, el celo es la envidia al revés.

Lo más grave en la demostración de los celos es que el individuo, involuntariamente, se pone a merced de la mujer. La mujer en ese caso, puede hacer de él lo que se le antoja. Lo maneja a su voluntad. El celo (miedo de que ella lo abandone o prefiera a otro) pone de manifiesto la débil naturaleza del celoso, su pasión ...

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